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Cataluña viene de Carcasona
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A principios del siglo IX Carcassonne se encuentra dentro del imperio carolingio, el conde de Carcassonne en estos tiempos era Bel·ló I, que fue el abuelo de Guifré el Pilós. El rey carolingio Carles el Calb denominó a Guifré (870) conde de Urgell, Cerdanya y conflent, Girona y Barcelona. Por tanto aquí empieza la dinastía nacional catalana.
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Occitania entre dos reinos -
Una vez desapareció el imperio Carolingio, los reinos vecinos, Francia por el norte y Cataluña al sur, aspiran a los derechos feudales de aquellos condados ricos y cultos. Mientras los franceses reclaman el que según ellos serían sus derechos feudatarios sobre la antigua Galia visigótica, los catalanes aducen la gran cantidad de lazos familiares y de vasallaje que han ido forjando con los señores de Occitania. La dinastía francesa de los Capets anhelan una salida al Mediterráneo que en aquellos momentos era el vehículo de comercio y de expansión cultural de todo occidente. Los franceses pero tienen que dedicar todos sus esfuerzos a guardar y ampliar el territorio francés en las guerras que mantuvieron contra los vecinos ingleses y alemanes. Dado que Roma tiene como enemigos a las mismas naciones que Francia, nace de aquí una alianza estratégica.
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Occitania "también es" Cataluña
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Al conde-rey Pere I de Barcelona le queda muy claro que el territorio de Occitania son tierras naturales para la expansión de la Corona Catalano-aragonesa. No en vano sus antepasados tienen las raíces en Carcassonne, primero como vasallos de los francos, y después como señores de unos condados catalanes y occitanos independientes, con múltiples ligaduras culturales y familiares que constantemente van renovando.
La condesa Ermengarda de Carcassonne vendió en el 1067 sus condados occitanos a su pariente Ramon Berenguer I de Barcelona. A la muerte de Ramon Berenguer II en el 1082, el hijo de la condesa Bernat Atò recupera las tierras de Carcassonne, pero como vizconde y declarándose vasallo del Casal de Barcelona.
Ramon Berenguer III el Grande (1093-1131) se casó con Dolça de Provenza, incorporando por tanto el condado de la Provenza en el 1112 a sus dominios catalanes.
En 1157 el vizconde de Carcassonne Ramon Trencavel I reconoce como soberano Ramon Berenguer IV de Barcelona, diez años después Roger II de Carcassonne hace una demostración igual ante el rey catalán Alfons I.
En el siglo XIII el casamiento del rey Pere con Maria de Montpellier convierte al rey catalán en el señor de Montpellier (1204), pero además las casas de Foix y Comenge, la dinastía catalana de Bearn y finalmente el Trencavel, vizcondes de Carcassonne, Beziers y Albí demuestran claramente la importancia que podían tener las tierras occitanas para los catalano-aragoneses.
A principios del siglo XIII, el conde de Tolosa que era el rival más poderoso en las disputas sobre los derechos feudales occitanos, establece lazos familiares entre dinastías, así tenemos que en el 1204 el conde Ramon VI de Tolosa se casó con Elionor, hermana del rey catalán Pere, después Ramon VII hijo del occitano se casa con la otra hermana del rey Pere, Sança. No es de extrañar pues, que en los momentos de la cruzada contra el Languedoc, Ramon y toda Tolosa reconozcan a Pere como rey, se declaren feudatarios y le pidan ayuda. Dadas estas circunstancias del proyecto de la Confederación Catalano-Aragónesa-Occitana no es de extrañar que Francia y Roma refuercen sus lazos para intentar que este proyecto de formación nacional no llegue a buen término, a los franceses les molestaba por el peligro que como superpotencia económica de la época podría llegar a ser, y a la Iglesia tampoco le interesaba que los catalanes, aliados habituales de los ingleses y estos últimos contrarios de Roma, y aún menos les interesaba que triunfara un movimiento socio-religioso como el cátaro de cariz progresista que podría llegar a hundir la religión católica.
El desenlace de la guerra entre las alianzas Barcelona-Tolosa y Roma-Paris es ya lo suficiente conocido, marcando el futuro de la historia de Europa.
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Los cataros del principado
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Hace falta tener en cuenta que en el tiempo de los cataros el Rossellon, estaba plenamente integrado al condado de Barcelona y a la Corona de Aragón. Destacaremos también que las relaciones entre Occitania y Cataluña eran de cariz familiar, cultural y político, y hasta algunos historiadores han llegado a asegurar que las cruzadas contra los cataros fueron instigadas por el rey de Francia con la ayuda del papa, por el miedo que el rey tenía a una eventual unión entre occitanos y catalanes que hubiera dado como resultado una superpotencia económica, social y política, cosa contraría a los intereses de Francia y de la iglesia católica.
El estudioso del catarismo en Cataluña Jordi Ventura, mantiene que este movimiento religioso fue tan importante en Cataluña que hasta hubo un obispado cátaro en el Valle de Aran. En cambio Jesús Mestre dice que esto es poco probable, y que aparte de los obispados de san Félix, el de Albí, el de Tolosa, el de Carcassonne, sólo se podría añadir el de Agen, por su proximidad y su concentración de cataros, por el que este obispado podía ser confundido a través del tiempo por el del Valle de Aran. El que si parece del todo cierto, puesto que está documentado es que en el concilio cátaro de Pieusse (1216), se decide que Cataluña deja de ser considerada como una dependencia del obispo de Tolosa, y se le concede al diaca Pere Cortona.
El que si se cierto con toda seguridad es que en Cataluña el catarismo existió y perduró durante muchos años, pero no con la intensidad de Occitania. Un claro ejemplo es Arnau el vizconde de Castellbó y su familia, como mínimo así lo argumenta la inquisición en Cataluña dirigida por Ramon de Penyafort y el beneplácito del rey Jaume I. Los cuerpos de Arnau y de su hija Ermessenda de Castellbó (esposa de Roger Bernat II de Foix) fueron exhumados para quemarlos y dejar que sus cenizas se las llevara el viento, bajo las órdenes de la inquisidor Fray Pere de la Cadireta, pero el pueblo de Castellbó, indignados con los hechos arremetieron con piedras contra él hasta dejarlo muerto a pocos pasos de la villa, según nos lo hace saber Esteve Albert en su poema dramático sobre Arnau de Castellbó. La inquisición "demuestra" que Ermesenda pertenecía a la disciplina de los "Bons Homes" (Buenos Hombres, por el hecho de que ya en su casa se respira un cierto ambiente hereje pero no podemos dejar de banda que fue la mujer de Ramon Bernat de Foix y que vivió precisamente en Foix. Ermesenda recibió el Consolamentum en su lecho de muerte. Todo parece que la cátara de la familia era pero, la condesa de Foix, que vivió con la tía de su marido, la gran Esclarmonde de Foix, perfecta y cabeza de una casa a Pámies, esta y la madre de Ramon Roger podían haber sido unas buenas conductoras del catarismo hacia Ermessenda.
Volviendo otra vez a Castellbó, diremos para demostrar la herejía del vizconde Arnau que estaba emparentado con otros simpatizantes cataros del otro lado de los Pirineos, en el llenguadoc La familia Niort estaba emparentada con la familia de Castellbó por las bodas de la hermana de Arnau con Ramon de Niort. La madre de los Niort, también de nombre Esclarmonda, que es reconocida por el papa como herética convencida. Arnau por lo tanto tenía hija y hermana cataras, lo que no podemos saber es si abrazaron la religión de sus maridos, o por el contrario, se emparentaron con estas familias por que las chicas eran de la misma convicción religiosa. En las declaraciones inquisitoriales si que se dice que en Castellbó se celebraban ritos cataros; Andreu Bretós de Berga nos dice que vio al Diaca Guillamos Clergue y a sus socios predicando delante de Arnau y de otros caballeros. Hay testigos de la presencia de Arnau en Mirepoix, y no faltan las afirmaciones de quienes dicen que en Castellbó había un diaca titular.
Si Arnau era, o no, perfecto, no se conoce, pero el que si es cierto es que en la zona de Castellbó había movida cátara.
Otro emplazamiento cátaro lo tenemos a la cadena del Cadí, con centro en Josa. La familia de los Josa tenían estrechos tratos con la iglesia de los cataros; Ramon de Josa recibía delegaciones de herejes del norte, y tuvo que responder de estos hechos diversas veces ante de la inquisición catalana. Pero siempre salió del paso con promesas de que no volvería a pasar más. Su hijo Guillem Ramon de Josa siguió los pasos de su padre y adoptó la misma técnica de disculpa, y se comportó como amigo de los Bons Homes, o quizás hasta todo como creyente. Pero se repite otra vez la historia de Arnau, y la inquisición ordenó la exhumación de Ramon y la posterior quema en una pira. Guillem Ramon y su madre Timbors, recibieron la reconciliación y el rey no confiscó las tierras.
No se conocen más personalidades de la época que fueran cataras, esto es debido a que el catarismo catalán nunca llegó a ser tan importante como el de Occitania, parece que en Cataluña esta disciplina religiosa llegó de rebote desde el norte de los Pirineos, y no tenemos suficientes datos para saber la implantación real en el pueblo.
Las tierras del Rosselló y de la Cerdanya atadas al condado de Barcelona, por su proximidad al Languedoc tenían más posibilidades de estar tocadas por el catarismo, debido a la misma proximidad geográfica, a los lazos familiares, militares y comerciales de estas tierras con el Languedoc. Las personalidades directamente implicadas en el catarismo serían: Guillem de Niort, Veguer de la Cerdanya, condenado a prisión perpetua por hereje; Pere de Fenollet que había perdido sus tierras en Occitania por fidelidad a la iglesia cátara; Robert de Castell-Rosselló, que fue reconciliado. -
La huida hacia tierras catalanas
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Tras la derrota del catarismo en Occitania, los cataros que consiguieron huir, lo hicieron principalmente hacia Italia y Cataluña.
En el año 1256, el inquisidor Pere de Ténes y el obispo de Urgell, con un ejercito entran por Puigcerdá y Berga en tierras de los Josa, donde su señor es favorable a los cataros, numerosos en la región, y en condiciones de ofrecer refugio seguro a los misioneros perseguidos.
El conde de Foix había autorizado el establecimiento de los cataros, en sus tierras de Andorra, dónde floreció una prospera artesanía textil, que se mantuvo hasta el siglo XIX, se supone que los cataros llegados en gran número a estas tierras mantuvieron la producción textil hasta el siglo pasado.
Mientras en Occitania la dura represión había arruinado las ciudades, en Cataluña, gracias a las argucias del rey Jaume I y su consejero Raimon de Penyafort escapan a la destrucción, sino al contrario hacen de las tierras catalanas unas tierras más prosperas.
Pere Authié, un muy fiel de la doctrina cátara, consigue crear un grupo de cataros en la Cerdanya. Al final cayó en manos de la inquisición, y fue quemado, pero su grupo consiguió escapar a Cataluña, con un viejo cátaro denominado Guillaume Bélibaste, que había escapado de las prisiones de Carcassonne, que representó la ultima iglesia cátara de Occitania. Este hombre vivió en diferentes pueblos de Cataluña, alternando su trabajo de tejedor con la de pastor. Vivió en Flix, Lleida (1313), Tortosa y en las montañas de Morella (1315), de dónde sólo salía para presidir las reuniones de creyentes que venían de todas partes de Cataluña, y que se encontraban en San Mateo. La Inquisición envió un espía a Cataluña para descubrir los grupos de cataros que operaban en estas tierras. Este espía era Arnau Sicre, miembro de una familia cátara, a la que le habían confiscado sus corderos. La madre de este espía fue quemada en la hoguera acusada de herejía, y el que Arnau quería conseguir era el regreso de sus posesiones a su familia. En el 1218, y por casualidad, topó con la comunidad cátara de San Mateo, en la que se infiltra, y con la excusa de administrar el consolamentum a una moribunda, arrancó de las tierras catalanas a Bélibaste, que denunciado por Arnau, fue encarcelado y quemado a Villerouge-Termenès. La comunidad se disolvió dándose a la fuga algunos y otros fueron condenados a cadena perpetua.
Saturday, November 1, 2008
Cataluña viene de Carcasona
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